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Asi lloraron los padres de Kaleth 12 años después de su partida



Hoy se conmemora un aniversario más de la muerte de Kaleth Morales. El llamado ‘Rey de la Nueva Ola’ falleció el 24 de agosto de 2005, tras un accidente de tránsito.

Miguel Morales no se repone de la muerte de su hijo Kaleth, este jueves cuando se cumplen 12 años del fallecimiento del llamado ‘Rey de la Nueva Ola’, afloran más sus recuerdos y las lágrimas vuelven a correr por sus mejillas. “Todo este tiempo ha sido muy duro y de mucha tristeza”, dice.
El cantautor y padre de la Dinastía Morales, se alista para llevarle junto a sus otros hijos, Keyner y Kanner, una serenata a la tumba. “Vamos a visitarlo en el cementerio con sus seguidores, para cantarle. En cada aniversario de la muerte de mi hijo, son muchas las personas que llegan de otras partes, manteniendo vivo su legado musical. El año pasado vino gente de Montería, Santa Marta, Barranquilla y Bogotá, esperamos que en esta ocasión nos puedan acompañar”, indicó.
“Como familia, nosotros seguimos con dolor y mucha tristeza, pero también con ese orgullo y amor por él, y con esa insistencia de sentirlo como si estuviera vivo”, sostuvo.

Miguel Morales, conocido en el mundo del folclor como ‘La Voz’, agradeció a los colombianos por no olvidar a Kaleth. “Ahora con la existencia de la novela se ha revivido mucho el recuerdo entre sus fanáticos, muestra nuestras vivencias, es una historia muy bonita que refleja la unión de la familia, el perdón y toda la secuencia de Miguel Morales, de Kaleth y de los K Morales”.
“Estos 12 años sin mi hijo han sido muy duros. No encontramos las palabras para decir que no vamos a dejar de creer que esto pasó, al contrario cada año que llega es como si necesitáramos más de su presencia, cada día que pasa sin mi hijo, es algo sin esperanza, sin ese alivio en el alma, ese amor que nos da nostalgia, no verlo, de no tenerlo a nuestro lado; pero Dios es perfecto, hace las cosas a su voluntad, y  siempre le doy gracias por tantas cosas lindas que nos dio y por darme ese hijo tan bueno y talentoso, que siguen queriendo”, puntualizó.
Cada vez que Nevis tenía que separarse de su hijo Kaleth, sentía tanto dolor en su corazón, que no alcanzaba a entender el porqué, si él sólo se iba para volver de nuevo.
En cada partida de su muchachito se iba un pedazo de ella, y nada más se marchaba a Cartagena, donde estudiaba. Luego cuando terminó la carrera y retornó a casa, empezó otro nuevo martirio cada vez que iba a una presentación. En fin, para Nevis lo mismo que para Kaleth, separarse era lo peor que les podía pasar a los dos.
El viernes 20 de agosto cuando Kaleth debía viajar a Bogotá, Nevis decidió ir a Cartagena para visitar a Kanner, el segundo de sus hijos, que cursaba su tercer semestre de medicina. Era justo y necesario que el otro hijo también sintiera la compañía de su madre. Además todo era pura complicidad entre madre e hijo, puesto que ella bien sabía que el regreso de Kaleth era el domingo por Cartagena y allí se reencontrarían de nuevo.

A pesar de saber eso, el problema fue el de siempre, quién se va primero, quién despide a quién. Al final hicieron un arreglo amistoso. El niño de sus ojos, la llevaba al terminal de transporte a las dos de la tarde y a las tres él tomaba su vuelo para Bogotá.
Nevis en ese momento nunca supo porqué ese día le dolió tanto, pero tanto, dejar a Kaleth. Eso lo viene a entender apenas ahora, desenterrando recuerdos. Hasta hoy logró entender que ese día fue el preámbulo de la última despedida entre ella y su hijo.
Llegó el domingo y en Cartagena, a orillas del mar, Nevis Junto a una comitiva de compañeros de universidad de Kaleth, esperaban la hora de irse al aeropuerto a recibirlo, después de ese gran triunfo en el concierto de la Mega en Bogotá. Un vuelo programado para las cinco de la tarde se fue sin él, el culpable fue Keyner, el menor de los hermanos, que andaba de tiendas comprándole ropa a Eva Sandric, la única nena de la casa. Un poco molesto Kaleth llamó a darle quejas a la mamá. Luego lograron un cupo en el vuelo siguiente y casi a las diez de la noche, volvió a darle otro abrazo a su mamá que ya le estaba haciendo falta.
Antes de irse a dormir le dijo: “mami prepárate que mañana nos vamos para Montería”. El motivo de ese viaje para muchos, fue hacer algunas vueltas de los documentos de un vehículo, sin embargo, Nevis sabía, que a Kaleth sólo lo llevó allí su corazón querendón. Se había enamorado en la Sabana de una chica; y Keyner, el menor de los Morales, que lo secundaba en todo, también estaba enamorado de la hermana de la chica. Total, dos para dos.
Si bien, Nevis Troya se moría por irse con sus muchachitos, más que todo para estar tranquila, ‘Migue’ su marido, reclamaba su presencia en casa y a ella le tocó decidirse por el regreso, para no disgustar a su marido.
Nuevamente con el alma partida se despidió de su Kaleth, sin saber que esa despedida sería por siempre. Se dieron el último abrazo, muchos besos y cada quién partió en busca de su destino. Ella a casa, con la promesa del reencuentro al día siguiente¸ y ellos dos, a cazar mariposas en la tierra del porro.
El lunes 22 de agosto, Nevis se levantó con un desasosiego en su corazón. Quería atrapar el tiempo en una mano, la casa se le hacía pequeña, le dolía algo adentro y no sabía qué era, deseaba llorar y no encontraba el llanto.

Para  matar tiempo se puso a botar cosas viejas en casa. Tiraba todo lo que encontraba y Miguel su marido, para tomarle el pelo, tiró en medio de la basura el ombligo de Kaleth, que Nevis guardaba en una cajita con talco para que nada lo dañara. Eso le sacó ‘la piedra’, se levantó y se fue al almacén ‘Vivero’ a comprar una tarjeta para llamar a los pelaos; además tenía rabia, “era el colmo, como estaban felices mujereando, ni se acordaban que tenían mamá” pensaba Nevis.
Cuando iba llegando al supermercado, era tanto su malestar del alma, que no vio a una señora y casi se la lleva por delante. El incidente le causó aún más molestia y se devolvió a casa, preguntando si alguien había hablado con sus muchachos.
Su marido quiso calmarla diciéndole, que Keyner le había llamado y que ya venían de regreso. Pero ni eso la tranquilizó, al contrari, esa noticia del regreso puso su corazón a Millón. Tres horas después, cuando escuchó el grito de su marido que decía “a Mis hijos no”, mientras respondía una llamada celular, entendió eso que su corazón presentía, e inmediatamente ese corazón de mamá que nunca miente, le dijo que Kaleth no regresaría vivo a casa.

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